Lecturas

He estado leyendo estos días varios post sobre la formación como lector de cada uno y sobre la posible elaboración de un canon, podríamos llamarlo escolar. Escribir sobre ambas cosas me resulta difícil. Sobre la primera porque es inseparable de las circunstancias de cada uno:contar la historia de nuestra formación como lectores es, para mí, contar mi historia, hacer autobiografía, y, además del pudor, creo que no interesa demasiado a nadie. Para abreviar,diré que eran los veranos y un tiempo que pasaba mucho más lento que ahora. Eran las estanterías paternas llenas de libros del Círculo de Lectores de una época que encumbró a Gironella o a Carlos Rojas. Mis primeras lecturas,aparte de las infantiles, fueron cosas como Lo que el viento se llevó o Roble claro (que no recuerdo ni al
autor). Pero enseguida, y gracias al colegio, descubrí a
Bécquer (en mi casa había una edición muy bonita
con sus gorriones en la portada) y después, con el instituto,
descubrí lo que disfrutaba con Machado, me leí varias
veces Luces de Bohemia de Valle, me impactó Un mundo feliz (recuerdo una discusión con los compañeros, en 3º, sobre si era preferible la libertad o la felicidad) y ya por esa época empecé a tener un poco de criterio para elegir entre lo que había en mi casa y, lo mejor, las lecturas que me recomendaban. Compartir libros era una de las mejores cosas y creaba una complicidad especial con las personas a las que también les gustaba leer. Por aquella época del BUP y del COU, los años 80, recuerdo leer a Muñoz Molina (me encantó su Diario del Nautilus), Rosa Montero (Te trataré como a una reina), García Márquez, y los poetas contemporáneos. Javier Egea fue el gran descubrimiento. Después en la facultad lo pude conocer y me parecía un dios de la palabra. A partir de ellos fue el 50, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, y hasta empecé en la facultad una tesis sobre Ángel González. Eran épocas de tanta lectura que cuando me daba por escribir me salía la música de otro, la música de la prosa de García Márquez
o de cualquier poeta que tuviera reciente.
Cuando me planteo los libros que debemos recomendar a los alumnos, hay una cosa que no me gusta: los subvaloramos. Todos coincidimos (y no digo que no llevemos razón) en que no son capaces de leerse lo que nosotros leíamos. Por una parte, sé que debemos ser realistas, y que, por circunstancias externas a ellos (no son más tontos, simplemente se han educado de otra forma) requieren textos fáciles, con referentes que reconozcan, etc.; pero, por otro lado, me parece un fraude que la escuela no les ofrezca la posibilidad de acceder a la cultura, sin adaptaciones a su “bajo nivel”, creo que nuestra obligación moral es permitirles y facilitarles el acceso a lo que todos hemos podido acceder. Es un conflicto de difícil solución, y ahí estamos. Últimamente, creo que apuesto por lo siguiente: ofrecer los clásicos en clase, de forma que pueda guiarlos en su lectura. En 3º, procuro que lean a Garcilaso, algo del Quijote, a Shakespeare, a Lope, a Góngora, Quevedo, etc. En 4º, leemos en clase a Bécquer, a Juan Ramón, a los poetas del 27, a algunos del 50... Y en cuanto a las lecturas obligatorias mi opinión es la siguiente: en 1º y en 2º, sí parece necesario darles unas lecturas obligatorias y hacer concesiones con las llamadas colecciones juveniles, aunque hay que cuidar la calidad literaria. Esas lecturas tienden, en general, a hacer prevalecer lo pedagógico, los llamados temas transversales, a lo literario. Y me parece bastante mal, si estamos ofreciendo literatura, tiene que ser eso, literatura. Se deben seleccionar muy bien y no ofrecer cualquier cosa. En 2º, ya se pueden ir recomendando obras de teatro (les gusta bastante leer teatro), cuentos de autores como Quiroga, Poe, etc. Algunas lecturas seguirán necesitando que sean guiadas, por ejemplo, La zapatera prodigiosa, para que puedan entenderlas mejor. Para 3º y 4º, creo que lo ideal (a veces depende de los grupos y del tipo de alumnado) son listas más abiertas, donde el alumno pueda elegir e incluso abandonar una lectura que no le gusta. Ponerle un mínimo de lecturas a lo largo del año (tres o cuatro), pero valorarle todo lo que se lean, incluso aceptar sus propuestas en determinados casos. Aquí ya puede haber obras muy diferentes, ya se sabe que todos no somos iguales. Ejemplos de lecturas que a mí me han funcionado con algunos alumnos:
Martín Garzo, Gustavo; La princesa manca
Calvino, Italo; El vizconde demediado
Huxley, Aldous; Un mundo feliz
Süskind, Patrick; El perfume
Baroja, Pío; Zalacaín El aventurero
Alonso de Santos, José Luis; Bajarse al moro
Dick, Philip K.;¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Dickens, Charles; Oliver Twist
Doyle, Arthur Conan; Las aventuras de Sherlock Holmes
Sampedro, José Luis; La sonrisa etrusca
Sepúlveda, Luis; Un viejo que leía novelas de amor
Stoker, Bram; Drácula
Zurro, Alfonso; Farsas maravillosas
Tusset, Pablo; Lo mejor que puede pasarle a un cruasán
Rivas, Manuel; ¿Qué me quieres amor?
Wilde, Oscar; El príncipe feliz y otros cuentos
Esquivel, Laura; Como agua para chocolate
Kafka, Frank; La Metamorfosis
Matute, Ana Mª; Primera memoria
Montero, Rosa; Historia del rey transparente (aún no la he probado con los alumnos, pero la he leído hace poco y creo que puede funcionar).
La mayoría de las lecturas de colecciones juveniles que he leído no me convencen, pero también puede ser que no haya leído las suficientes. No me parece bien aquello de leer por leer, que lean cualquier cosa. Puede ser hasta contraproducente. Siempre pienso que estamos iniciando a muchos alumnos en el discurso que nuestra sociedad llama literatura. Las muestras que les ofrezcamos creo que deben ser de calidad. De todas formas, no es un tema fácil, pero confío en los buenos textos.
Creo que uno de los principales retos es el trabajo con los clásicos en clase. Leer con ellos y hacerle accesible la historia de nuestra literatura.
Blogs que han tratado ya este tema: Felipe Zayas , Eduardo Larequi , Glez.-Serna , Lu , Leonor Quintana y Antonio , entre otros.


Lu dijo
Coincidimos en lo esencial: leer a los clásicos en clase.
Mi compañera Ana Romeo y yo pensamos que el instituto debe ofrecer a los alumnos el conocimiento de los clásicos y guiarlos en su lectura.
La razón es bien sencilla, muchos alumnos no cogerán nunca un libro por su propio pie (o mano), muchos acabarán la ESO y nunca más oirán hablar de literatura...
Por ello, las clases de literatura tienen que llenar ese vacío cultural.
Si enseñamos a leer y a interpretar a los clásicos, cualquier lectura de las que se anuncias bajo la etiqueta de literatura juvenil será para los alumnos coser y cantar.
6 Mayo 2007 | 09:14 PM